27 noviembre, 2014

Ruinas.

Me siento tan vacía, tan insensible, y es ridículo, porque me siento totalmente frágil y sensible.
Me contradigo a mí misma, y son los momentos como este los que me hacen querer grabar todo lo que se me pasa por la cabeza, porque son cosas tan preciosas y destructivas, que, para mí, alcanzan la belleza más absoluta en cuanto a ruinas emocionales.
Porque soy así, porque cuando creo que he conseguido organizar mi vida,cuando me siento en lo alto de un rascacielos de felicidad, mis cimientos tiemblan y me derrumbo, quizás sin motivo aparente, quizás con un motivo que solo conoce mi subconsciente.  Y vuelvo a ser un cúmulo de ruinas emocionales.
Porque siempre uso la esperanza como cimientos, porque en cada planta uso cada una de las sonrisas, de las miradas, de las palabras que he recibido y he dedicado. La alegría de una sonrisa, el sonido tan precioso de alguien riendo, la sinceridad de una mirada, el cariño de las palabras.
Pero todo eso es una fachada, y se acaba derrumbando si no tiene donde apoyarse. Y cuando me doy cuenta de que todo lo que he construido es mentira, que todo es una fachada para transmitir algo que no siento, me derrumbo.
Porque podemos construir cualquier cosa teniendo como base la esperanza, pero sin dejar de ser lo que somos.

14 septiembre, 2014

Declaración de prioridades.

Aquel día me levanté más decidida que nunca a ordenar mi vida comenzando por mis problemas. Había madrugado y tenía el día libre, así que tendría tiempo suficiente.
Como cada mañana, me preparé un café y me senté a desayunar mientras apuntaba todos mis delirios en una libreta pequeña que me había comprado la tarde anterior, y a la cual ya le había llenado las primeras páginas con algunos consejos para mejorar mi fotografía y alguna que otra idea para la historia que me traía entre manos.
"Hoy quiero hacer una declaración de prioridades. Quizás cambian con el paso del tiempo, pero la que no deberá cambiar es que yo soy la primera que tiene que quererse y valorarse.Tengo que levantarme todas las mañanas y decirme que soy preciosa, aunque las ojeras me lleguen al suelo. También tengo que sonreír ante todos los problemas, y hoy el primer problema que se me viene a la cabeza es qué voy a hacer con mi vida, qué camino es el mío, por dónde tengo que seguir después de tanto..."
Dejé de escribir. No sabía cómo seguir. Acababa de empezar el día y ya notaba aquella soledad oprimiéndome el pecho, nublando mi vista como aquellas gotas de lluvia que una vez corrieron por mi rostro, camuflando toda señal de las lágrimas.
Llevaba meses sintiéndome mal conmigo misma, recordando todas las veces que había estado a punto de suicidarme sin pensar que haría más daño así que si me mantenía con vida, recordando aquellos maravillosos meses de verano en los que me quise y me quisiste, recordando todos aquellos años en los que estuviste a mi lado queriéndome de forma incondicional, asumiendo lo que me había enseñado todo el mundo que había pasado por mi vida.
 Había pasado ya un año de la muerte de mi abuelo, y desde entonces llevaba una auténtica mierda de vida anímica. Era una noria, a veces arriba sintiendo que el aire acariciaba mi cara, a veces abajo notando que me ahogaba en mi propia hipocresía emocional.

-Oh, vamos, alguien tan preciosa como yo se merece un buen cambio.

Me sentía realmente estúpida diciéndome "preciosa" a mí misma, pero una vez más, hice un esfuerzo y sonreí.
Ya estaba cansada de la soledad y la tristeza, estaba cansada de llorar con cualquier cosa, quería ser fuerte y demostrar cuánto valía. En cuanto volviera a clase, iban a dejar de tomarme por aquella idiota inocente que siempre iba descuidada porque no se quería ni lo más mínimo.

13 septiembre, 2014

Carta de un alma desesperada.

Porque todos queremos dormir cerca del interruptor para destruir a todas las pesadillas que se ocultan en la oscuridad de un solo golpe.
Porque quizás sólo somos una ínfima parte de todo lo que nos rodea pero tenemos una gran repercusión.
Porque quizás no somos más que motas de polvo jugando a ser personas civilizadas.
Porque quizás somos la nada más absoluta fingiendo que algún día seremos todo para alguien.
Porque es curioso cómo una persona puede dejar demostrar interés en ti de un día para otro.
Porque es curioso cómo cambiamos de opinión incluso por un detalle sin importancia.
Porque es estúpido echar de menos cosas que nunca sucedieron.
Porque no vale la pena imaginar una vida llena de alegrías si cualquiera consigue que agaches la cabeza.
Porque no vale la pena intentar creer que eres fuerte por dentro si te destruyes a ti misma.
Porque no hay mejor batalla que la que eres capaz de ganar por ti sola.
Porque no hay mejor armadura que la sinceridad.
Porque no hay mejor mentira que "estoy bien" para no dar explicaciones.
Porque no hay lágrimas más amargas que las que guardamos para la más absoluta soledad.
Porque no hay mejor silencio que aquel que te inunda hasta el alma.
Porque no hay gritos más dolorosos que los que guarda tu habitación.
Porque no hay mayor locura que lazarse al abismo sabiendo que no vas a salir viva.
Porque no hay mayor desánimo que intentarlo una y otra vez hasta que no queda esperanza.
Porque no existe mayor estupidez que guardar la esperanza en las causas perdidas.
Porque te acostumbras a mirar al suelo buscando tu autoestima.
Porque echas de menos todo lo que pierdes y no aprecias nada de lo que tienes.
Porque no eres capaz de ver nada bueno en ti.
Porque te fijas más en lo que ves tú en el espejo que en lo que ven los demás en ti.
Porque le das más importancia a la talla de tu ropa que a la de tu personalidad.
Porque no eres capaz de demostrarle al mundo cuánto vales.
Porque no eres capaz de demostrar que eres fuerte en los momentos cruciales.
Porque has sido capaz de pelear por lo que querías aún sabiendo que ibas a perder.
Porque no eres capaz de recuperarte de los golpes.
Porque crees que todo el mundo miente cuando da su opinión sobre ti.
Porque no sabes aceptarte todos los días.
Porque te cabreas por no saber qué te pasa.
Porque te enfadas con todos porque no eres capaz de aceptarte.
Porque siempre piensas que te va a atacar y vives a la defensiva.
Porque no sabes disfrutar de las personas.
Porque no sabes cuidar de tus amigos.
Porque piensas que nunca has tenido amigos porque la mayor parte de tu vida te han dejado tirada.
Porque siempre piensas en el final, incluso antes de empezar.
Porque sigues creyendo en las segundas oportunidades.
Porque te caes y no sabes levantarte.
Porque ya sabes fingir felicidad cuando sólo tienes ganas de taparte la cara y echarte a llorar.
Porque eres incapaz de aceptarte tal y como eres.
Porque piensas que eres el mayor monstruo conocido, y que no te quieren ni en el circo de los horrores.
Y por eso, y por muchas cosas más ya no te quiero y no quiero estar más contigo.
Porque no sabes quererte, ni apreciarte, porque no sabes hacer nada bien.
Porque es por ti por lo que ya no te quiero, es por tu autoestima por lo que no has sabido cuidar nada de lo que te han dado.
Por todo eso, adiós y hasta nunca.




11 septiembre, 2014

Cobarde.

Cobardía, miedo, y no saber pedir perdón. Me gustaría poder sincerarme, poder decir que fui una cobarde por no hablar en el momento justo, poder asumir toda la culpa, poder aclarar que dejé que todo me sobrepasara.
Quisiera pedir perdón por todas las veces que he hecho daño con mi silencio, quisiera ser valiente, quisiera aprender a pedir disculpas.
Pero soy una cobarde. Y tengo miedo de todo lo que pueda venir tras una disculpa sincera.
¿Y cómo puedo ser tan idiota, si la sinceridad nunca le molestó? Porque siempre fui idiota dejándome llevar por mi alrededor.
Aunque no vuelva a dirigirme la palabra, me gustaría pedirle disculpas, y agradecerle todo lo que me dio. Pero me da miedo. Y como siempre, el miedo puede más que mi propia voluntad.
Porque preferí guardar silencio antes de meter la pata hasta el fondo, sin llegar a comprender que el silencio iba quebrando lo que nos unía, hasta el punto de separarnos.


19 agosto, 2014

Comparaciones.

Comparad vuestra vida a la de una flor y decidme en qué se diferencian.Nacéis en mitad de alguna parte sin saber por qué, quizás otorgando una belleza inusual o quizás pasando desapercibidos.Vais pasando vuestra vida perdiendo pétalos, ya sea en forma de personas, oportunidades o cualquiera sabe.Quizás las circunstancias algún día os arranquen de vuestras raíces para meteros en un simple vaso con agua hasta que os rindáis.O quizás os paséis la vida en el mismo lugar viendo como todos pasan y escogen a otras flores por ser más llamativas.Al final, pasará lo que todos sabemos. Perderéis todos los pétalos uno a uno, y los veréis a vuestro al rededor mirando cómo os marchitáis.¿Y qué os habrá quedado? Quizás la esperanza de que alguien se haya fijado en que sin vosotros la belleza que había ahora está incompleta.
Pero siempre podrán adaptarse a un paisaje más hostil si lo que les otorgabas era una belleza rara de ver para sus ojos.
O quizás nunca se den cuenta de que esa flor se marchitó porque hay otras más valoradas, más llamativas, o simplemente más exóticas.
Por eso no hay que despreciar esa belleza que nos ofrecen la pequeñez de los momentos. Por eso no hay que desaprovechar la belleza de las margaritas aunque haya cientos iguales, ni a una amapola por ser así de roja, ni siquiera a la flor más pequeña por su tamaño, porque quizás ellas sepan darte una gran lección de supervivencia y tú ni te des cuenta.

05 agosto, 2014

Queremos ser.

Queremos ser fuertes sin saber que siempre tendremos puntos débiles.
Queremos ser grandes sin saber que la caída dolerá más.
Queremos ser perfectos sin saber que los defectos nos hacen únicos.
Queremos ser únicos sin saber que al final acabaremos siendo iguales.
Queremos ser sabios sin saber que no somos capaces de asimilar hasta el último detalle.
Queremos ser agua sin saber que nos lleva el viento.
Queremos ser viento sin saber que el agua nos ahoga.
Queremos ser brisa sin saber que nunca acariciaremos el verde césped de su jardín.
Queremos ser arpa sin saber que nunca nos tocarán.
Queremos ser canción sin saber que nunca nos dedicarán.
Queremos ser balcón sin saber que nunca seremos testigos del amor de unos amantes.
Queremos ser zapatos sin saber que nos romperemos con el uso.
Queremos ser tinta sin saber que jamás nos usarán para escribir unos versos de verdad.
Queremos ser palabras sin saber que nunca nos dirán.
Queremos ser tiempo sin saber que nunca nos dedicarán.
Queremos ser días junto a alguien sin saber que no nos apreciarán hasta que lo hayan perdido.
Queremos ser amor sin saber que los finales no son de cuento.
Queremos ser aventura sin saber que ya no se corren riesgos.
Queremos ser olvido sin saber que es largo y amargo.
Queremos ser poemas sin saber que nadie nos apreciará.
Queremos ser musas sin saber que los poetas ya no escriben.
Queremos ser imaginación sin saber que ya no se imagina.
Queremos ser sin saber que nunca seremos.


26 marzo, 2014

Siete años.

Recuerdo aquel 26 de marzo de 2007. Recuerdo cómo lloré a las ocho de la mañana. Recuerdo la primera vez que te tuve en mis brazos. Recuerdo todo como si fuese ayer.
Recuerdo que al empezar a hablar no eras capaz de decir "tita", que sólo te salía "tata", y a día de hoy, sigo siendo "tata".
Recuerdo cuando empezaste a andar. Esas tardes mirando cómo dabas vueltas por la cuna agarrándote al borde, viendo cómo a pesar de caerte te levantabas y seguías, cómo empezabas a dar saltos mientras te reías.
Recuerdo cuando empezaste a dejar el chupete.
Recuerdo cuando empezaste a nadar. Querías quitarte el flotador y los manguitos a los diez minutos.
Recuerdo todos los días que me he quedado contigo, cuidando de ti, jugando contigo, intentando que no llorases en ningún momento, intentando que no te aburrieras, intentando que estuvieras bien.
Recuerdo tus primeros regalos de Reyes. No había niño más feliz en el mundo en ese momento.
Recuerdo cuando me viste llorar encerrada en mi cuarto y me abrazaste sin más.
Aún guardo todas tus pequeñas obras de arte
Hoy cumples siete añitos, y te quiero más que el primer día de tu vida.
Gracias a ti no he cometido ciertas locuras. Locuras que no tenían vuelta atrás.
Gracias enano, me has salvado.

13 enero, 2014

Mis noches a medias.

Era una noche fría, la Luna no se veía, las nubes la ocultaban.
Me encontraba en una casa alejada del bullicio que suponía la ciudad, donde el agua caliente iba y venía, donde el viento soplaba por cada ventana y cada puerta, donde las bombillas luchaban por mantenerse encendidas, donde el fuego de la chimenea quemaba con entusiasmo cada palo, cada rama, cada hoja.
Decidí que aquel ambiente estaba demasiado silencioso aquella fría noche, así que puse algo de música en mi móvil y empezó a sonar Blacklisted Me.
La única luz que tenía encendida era la del salón y comencé a pensar en por qué me agobiaba tanto la ciudad, en por qué no podía adaptarme bien a la monotonía de los grandes edificios, de las prisas; entonces comencé a escribir en un folio que tenía un pequeño dibujo de una flor en la esquina superior izquierda. Decía así:

Querida yo del futuro, si lees esto significa que habrás sabido conservar esto a buen recaudo sin perderlo pequeña desastre. Espero que para cuando lo leas hayas podido recuperar tu sonrisa y hayas sabido esquivar a esas víboras que se ocultan en la ciudad tras máscaras perfectas hechas de mentiras. 
Espero que ahora sepas sobrevivir entre las prisas, los alti-bajos, las alegrías y las penas. Espero que hayas conseguido tus metas y que...

En ese momento se oyó un ruido fuera. Me asusté, pues mi única compañía eran dos gatos y cuatro perros, y aquello no sonaba ni a un animal ni a otro.
Con las manos temblorosas y una manta por encima para soportar el frío, busqué una linterna y cerré la puerta de atrás. Acto seguido volví a la parte delantera y cerré aquella puerta, que por lo que parecía no soportaría un golpe fuerte, también cerré las ventanas de tal forma que no se pudiera ver nada desde fuera.
Decidí no hacerle mucho caso a ese ruido de antes e intentar distraerme, así que seguí escribiendo:

... Seas alguien en la vida, ese alguien que soñaste desde pequeña. Porque recuerda, nunca hay que olvidar los sueños y de donde vienes, nunca hay que perder la ilusión ni al niño que todos llevamos dentro. Pero sobre todo recuerda que...

Volví a escuchar un ruido fuera, volví a asustarme, pero reuní el valor suficiente para salir a mirar qué pasaba. Así que volví a coger la linterna, esta vez con más fuerza, y en lugar de coger la manta, cogí una chaqueta ya que era más cómoda para salir fuera. Salí y cerré la puerta por si acaso, y la llave la guardé en el bolsillo de mis vaqueros.

Comencé a mirar por los patios más cercanos a la puerta, pero no vi nada. Estaba todo tan oscuro, tan silencioso. Fui hacia el otro lado de la puerta y justo cuando iba a doblar la esquina pude ver perfectamente el cielo. Ese cielo que en la ciudad no se ve, ese cielo que, aunque nublado, dejaba entrever alguna que otra estrella. Así que apagué la linterna y me quedé un buen rato admirando esa maravilla pues sabía que pronto volvería a la ciudad y ahí las estrellas se convierten en farolas que le quitan toda la belleza al cielo.
De pronto recordé por qué estaba fuera de la casa, había oído dos veces un ruido un poco extraño e iba buscando su causa. Vino un viento frío de repente y decidí que miraría rápido y volvería a la casa a calentarme pues me había quedado congelada.
Por fin doblé la esquina y no vi nada extraño, solo dos perros durmiendo, así que decidí seguir mirando por la tercera esquina y tampoco había nada extraño, y opté por darme la vuelta y volver a la casa. Pero entonces noté que algo o alguien me estaba mirando, me di la vuelta y así era. Había una figura mirándome desde lejos, o quizás no era tan lejos, pero yo quería pensar que sí ya que así me daría tiempo a salir corriendo, encerrarme en casa y llamar a alguien para que viniese por mí, pero no pude, estaba paralizada por el miedo.

De repente vi como esa figura se hacía más grande, no podía creérmelo, se estaba acercando y con paso veloz. Mis piernas no respondían, no podía salir corriendo, lo más que conseguía era andar hacia atrás con paso forzoso, quería alejarme, tenía miedo. Entonces esa figura me habló:

-Por favor, no corras.

¿¡Que no corra!? Ojalá pudiese correr, o moverme o articular alguna palabra como "aléjate", sin embargo la figura seguía acercándose, y entonces vi que era un chico. No podía creérmelo, ¿qué hacía un chico allí? Se suponía que estaba sola.
Después de superar mi miedo conseguí articular las palabras para formar una frase coherente:

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué me has asustado? ¿Qué quieres?

Él al verme asustada se rió y me abrazó, al principio intenté quitármelo de encima, no sabía quien era y ya me estaba abrazando, ¿de qué iba? Pero después me di cuenta de que me estaba intentando tranquilizar y de que yo estaba helada y él, sin embargo, estaba caliente y me daba calor, ¿cómo era posible?

-No te asustes idiota. Soy el chico del campo de enfrente, simplemente venía a hacerte una visita. Te vi al medio día dar un paseo e iba a hablarte pero no me atreví...
-¿Y has decidido darme un susto de muerte o qué?
-No, te has asustado tú sola.
-Hombre, si escucho ruidos raros y cuando salgo a mirar qué es veo una figura a lo lejos... Yo veo normal que me asuste.
Se rió de mi cara pálida aún por el susto.
Salió corriendo hacia la puerta, donde estaba la luz de fuera encendida y me dijo que fuese allí con él. Le hice caso, pues quería que se fuese lo antes posible. Me estaba poniendo nerviosa.
Una vez en la puerta pude verle con claridad. Era un chico alto, con el pelo oscuro y los ojos claros, parecía estar fuerte pero sin llegar a ser el típico tío de gimnasio, parecía que se cuidaba a pesar de la ropa que llevaba.
Como si se tratara de su casa, cogió dos sillas de uno de los patios y las puso en la puerta. Me invitó a sentarme y él se sentó a mi lado.

-Ahora dime por qué estás aquí de verdad, desembucha.
-¿De verdad no te crees que haya venido a verte?
-No, no me lo creo en absoluto.
-¿Pero a que te haría ilusión que hubiese venido a verte?
-Pero si no te conozco de nada.
-Es cierto, pero a la gente le gusta recibir visitas.
-Claro, siempre y cuando sepan que pueden recibir una visita inesperada sin llevarse un susto de muerte.
-Qué idiota eres, si ha sido divertido.
-Divertido para ti... Eh, esto, ¿cómo te llamas?
-Mi nombre no importa, ni el tuyo. ¿Por qué estás aquí sola?

No quería darme su nombre, era obvio, pero que no quisiese saber el mío era algo que me intrigaba.

-Porque quería relajarme, y desaparecer un poco de la ciudad.
-Vaya, ¿te estresan mucho las prisas?
-Demasiado...

Se hizo un silencio espantoso, incómodo y extraño a partes iguales. Él miraba al cielo, el cual ya se había despejado un poco, y yo lo miraba a él. Ahora que estaba más tranquila, lo miraba con atención, y la verdad es que era bastante guapo y de momento también amable. De pronto, se giró y me sorprendió mirándole; rápidamente aparté la mirada y me sonrojé, él sonreía aunque también se sorprendió de que  lo estuviese mirando. Él rompió ese silencio con su risa y dijo:

-Oye, ¿por qué me miras tanto?

No le contesté, no sabía qué decirle. Seguí mirando hacia el suelo con la cara enrojecida, y él me cogió la cara por la barbilla y me la levantó para que le mirara. Me puse más roja aún y comencé a reírme. Esas dichosas situaciones siempre me han hecho gracia. Acabamos riéndonos los dos y contándonos nuestra historia, algunas partes con más detalles, otras con menos, pero eran las historias que nos definían.

Finalmente nos quedamos callados y aproveché para mirar el reloj. Eran las cuatro y media de la mañana. No podía ser, me había tirado toda la noche hablando con un completo desconocido, pero debía admitir que estaba muy a gusto. Me hacía sentir cómoda.
Miré hacia él y le vi mirándome, por lo que le dije con un tono gracioso:

-"Oye, ¿por qué me miras tanto?"

Nos reímos, pero de repente él paró:

-¿Sabes? Me caes bien, así que quiero que sepas que cuando tu sombra no esté para protegerte, ahí estaré yo para defenderte de lo que haga falta.
-O para darme un susto de muerte.
-También puede darse la ocasión, no lo descartes.

Después de un rato intentando despedirnos nos dieron las cinco menos cuarto. El tiempo seguía corriendo, pero a mi parecer, demasiado rápido. Cuando él ya se iba, salí corriendo y le abracé por detrás, él se dio la vuelta y me abrazó. Yo seguía estando helada, él seguía dándome calor. Nos prometimos que mañana volveríamos a vernos pero esta vez sin sustos de por medio, a pesar de que yo seguía sin saber su nombre, y él seguía sin saber el mío.

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