26 marzo, 2015

Silencios de advertencia.

Y todos le avisaron, todos le advirtieron, incluso ella misma, que si quería ver a esa flor en su plenitud no podría insistirle para que floreciese para él. Pero él, haciendo caso omiso a todas las advertencias, le insistió, le atosigó, obteniendo, como única respuesta, el silencio de los pétalos marchitos.
Y a partir de ahí, él comenzó a culpar a la flor por no florecer, por no enseñarle lo bella que podía llegar a ser, en lugar de culparse a él por no haber hecho caso a todas las normas que le habían dado. Porque pensó que con él la flor sería diferente, y que por saltarse las normas no iba a pasar nada, pero pasó. 
¿Y cómo acabó todo? Con la flor como culpable porque a él le era más fácil culpar a los demás que culparse a sí mismo por no haber hecho bien las cosas.

02 marzo, 2015

Un "yo qué sé" del desastre constante.

Pueden partirnos la cara, pero no vamos a sentir peor dolor que el que nos producen los golpes de realidad.
Con el café a medias, las medias rotas junto con las ilusiones sin terminar salgo todos los días a la calle, con miedo, por si alguien me quiere encontrar. Porque llevo tanto tiempo perdida, sin encontrarme, que en el momento en el que quiero volver a conectar con el mundo siento que todo ha cambiado tanto que no encajo en ningún sitio.
Quiero empezar una nueva vida, empezar de cero, pero me asustan los comienzos. Porque mi vida es como una película en la que yo, la propia directora, no sabe encajar ni diálogos, ni ningún tipo de interacción para que quede algo medio decente.
Porque soy un desastre y, a estas alturas, creo que ya no tengo remedio.

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