22 junio, 2016

La última llamada.

Una noche tranquila, en un lago cualquiera con unas estrellas cualesquiera y con miles de ideas corriendo de un lado a otro por mi mente.
Una última llamada donde digo cuánto te echo de menos desde que te perdiste a ti misma y cuánto te quiero, que siento molestarte a estas horas pero que espero que me perdones por lo que estoy a punto de hacer. Una última llamada en la que el contestador recoge mi último "lo siento" y lo deja en cualquier sitio en el que nunca mirarás.
Te pido que no me olvides, que no olvides cuánto te quiero y cómo te quiero, que no olvides la forma en la que te abrazaba, la forma en la que te más que mirarte, te admiraba, y que no olvides que siempre serás un ejemplo a seguir por todas las personas que vienen detrás de ti. Que no olvides todo lo que has hecho y todo lo que te queda por hacer.

Y me sorprendo a mí misma enredada en una maraña de pensamientos en mitad del lago, calada hasta los huesos sin querer volver a la orilla, porque ni allí me sentía a salvo, y me hundo en mis pensamientos, me hundo en aquel lago.



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